Vivimos en un mundo globalizado donde las fronteras parecieran casi desaparecer, el conocimiento se genera a una velocidad superior a la que podemos integrarlo a nuestra vida y rápidamente puede llegar a volverse obsoleto. Desde edades muy tempranas la mayoría de nosotros hemos tenido acceso a sistemas de información de alta calidad y confiabilidad, sin embargo seguimos en un mundo donde tener acceso a la información no significa necesariamente tener acceso a una buena educación.  Nuestra vida en ocasiones gira tan  de prisa que podemos llegar a  sentir que nuestro tiempo se acaba; existen muchas personas que viven en piloto automático sin darse cuenta de todo lo que pasa frente a sus sentidos, no se detienen a reflexionar sobre lo que ven, lo que sienten y lo que piensan de lo que pasa a su alrededor.  La mente humana moderna evoluciona y se ha vuelto experta en ignorar en su frenético movimiento, las cosas buenas y malas que nos rodean.

A pesar del ambiente global político, económico y ambiental que nos toca vivir en el siglo XXI,  como seres humanos  seguimos teniendo como parte nuestras habilidades cognitivas superiores, un valor, una herramienta que ha servido a la humanidad  para crear, modificar, sobrellevar, reparar y transformar lo que nos ha tocado vivir en la historia, y me refiero en esta ocasión a la fe.  La fe como una herramienta poderosa de creer en nuestras capacidades y en la de los demás de cambiar el ambiente donde coexisti