“Estudiar muy bien para las clases, estar al corriente con los temas cada semana, dormir más de cinco horas al día, comer bien, hacer ejercicio, tener tiempo para relajarme” son algunas frases que forman parte de una gran lista de promesas que rigurosamente nos ponemos cada inicio de año, de semestre, de verano, etc. Sin embargo, misteriosamente las hacemos a un lado –incluyéndome-  antes de que llegue el plazo propuesto ya que cambiamos el enfoque, las prioridades y nos dedicamos únicamente a lo que “tiene mayor importancia en el momento”.

¿Cuántas veces no hemos repetido los mismos propósitos? ¡Casi siempre! Y es debido a que contemplamos aquello como lo que idealmente nos gustaría hacer, como “nuestra vida ideal” y por lo mismo, lo vemos tan utópico que mejor decidimos dejar todo por la paz… Así que, ¿por qué no actuamos en vez de prometer y poner excusas?

“Conviértete en la típica persona que logra lo que se propone” fue la frase que leí hace unas semanas en un anuncio publicitario que atrajo mi atención completamente… De hecho, hasta el grado en que me puse a pensar cuáles iban a ser mis propósitos ‘reales’ para este semestre.

Después de un largo rato de