Una gran cantidad de muertes, aún más de heridos y la destrucción de millones de familias, hogares y sueños; eso es lo que resume la Primera Guerra Mundial. Dejemos a un lado la política, y las banderas que causaron este conflicto. Pongamos a un lado lo que cuentan los libros de historia sobre los buenos y los malos, y pensemos por un momento sobre los individuos. Resulta imposible imaginarse en los zapatos de un joven de 20 años en un día como hoy, 17 de febrero pero en 1917. Por un lado estar lejos de casa entre el lodo y la sangre de tus compañeros y amigos en las trinchera del oeste de Europa o en las montañas entre Italia y el ahora inexistente Imperio AustroHúngaro y por el otro, el frío de un hospital de guerra en pleno invierno en el que cientos de heridos vienen buscando alivio y en el que muchos respirarán sus últimas bocanadas de aire. O simplemente el caso de las muchas personas que se vieron forzadas a abandonar todo lo que conocían porque la guerra destruyó su hogar y su familia. No era un momento fácil y pensar que en su momento esta fue “La Guerra para terminar todas las Guerras” nos hace darnos cuenta de lo ingenuo que somos como raza humana.

Pero no todo fue trágico en la Gran Guerra. Para empezar aunque algunos grupos de individuos sufrieron mucho como resultado de este conflicto (los judíos, los serb