¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar cómo es que algunas bacterias que siempre habitan en nuestro organismo pueden causarnos enfermedad en algún punto de la vida? Es decir, siempre están ahí, pero no nos causan enfermedad hasta algún momento específico. Ciertamente se trata de una respuesta que va mucho más allá del simple azar. El proceso es tan coordinado y efectivo que da la impresión de que las bacterias se comunican entre sí. Al comienzo, esta idea puede sonar algo incoherente. La realidad es que está comprobado que, en efecto, las bacterias sí se intercomunican para generar comportamientos grupales con el fin de actuar unitariamente y ser más efectivas. Surge de inmediato la siguiente cuestión: ¿cómo es que lo hacen?

Al tratarse de seres vivos, las bacterias deben de ser capaces de responder adecuadamente a su medio ambiente con el fin de adaptarse y mantener su homeostasis. Desde tiempo atrás, se sabe que las especies bacterianas se replican a cierta velocidad dependiendo de la disponibilidad de nutrientes, de los niveles de oxígeno o la temperatura, pero, desde la década pesada, la comunidad científica ha reconocido otro factor que altera los comportamientos bacterianos: la densidad poblacional. Esto quiere decir que cada bacteria está “consciente” de cuántas bacterias tiene a su alrededor y