La música ha estado presente desde los primeros años de la humanidad, es universal, llega a todos los rincones de la tierra y todos nos identificamos con ella.

La música es tan importante que se encuentra presente en todas partes y no solo es un gusto para quien la escucha si no que también resulta benéfica para su cuerpo, ya que esta comprobado que escuchar y/o tocar algún instrumento tiene muchos efectos en la estructura y función del cerebro humano, creando cambios en el flujo sanguíneo, función cardiovascular y muscular, mejora la secreción de dopamina, la neurotransmisión sináptica, el aprendizaje y memoria. Además regula las emociones y provoca un sentimiento placentero, principalmente a través de su acción sobre los centros del cerebro, como las estructuras límbicas y mesolímbicas incluyendo el núcleo accumbens, el hipotálamo, la circunvolución cingulada subcallosa, cingulada anterior prefrontal y el hipocampo. Por todos estos motivos la música ha sido implementada como una herramienta para las terapias.

Sin embargo, aunque todos estos beneficios estén comprobados, algo que aun permanece desconocido es que ocasiona estas reacciones a nivel molecular al escuchar música.

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