Hay muchas historias fantásticas de reyes y caballeros en la literatura clásica, pero en ocasiones, se encuentran superadas por aquellas que terminan por ser ciertas. Una de estas historias es la de la hemofilia, una enfermedad estrechamente ligada a la realeza. Fue el azote de la familia real rusa y de muchas casas europeas. Este mal oculto, se especulaba, ocurría por mala sangre en las familias reales. Esta ominosa predicción, con el tiempo, demostraría estar en lo correcto. No fue hasta tiempos recientes que se elucido la naturaleza específica y el origen de esta enfermedad, la mismísima Reina Victoria I de Inglaterra.

Él había una vez resulta muy pequeño a la historia en particular de Victoria, una regente que cambio completamente la cara de su nación y quizá sea una de las mujeres más influyentes en la historia, tanto por su obra como por su herencia. Victoria hace honor a su nombre y fue su sangre, tanto en el sentido literal como el figurativo, la raíz de la caída de gigantes en el principio del siglo XX.
Victoria nació en 1819, siendo la