Antes de escribir este artículo les pregunte a varias personas si conocían las feromonas. La mayoría contestó que sí, y después de aquella afirmación un tanto dudosa les pregunté ¿qué eran? Con la mirada nerviosa y la boca un poco abierta me contestaban con palabras vagas e incompletas. Aunque la mayoría de mis entrevistados fueron estudiantes, si le preguntara hoy mismo a un científico renombrado ¿qué es una feromona?, probablemente me contestaría con la misma mirada, pero con palabras más complejas e intimidantes.

Por más de cincuenta años los científicos han respondido a esta pregunta con la misma expresión, pues desde 1959 en que las feromonas se definieron, se han encontrado muchos tipos de comunicación mediante feromonas entre animales. Aunque la información sigue siendo difusa, las feromonas generalmente se definen como compuestos que transmiten señales entre organismos de una misma especie; pues no sólo los animales producen feromonas, sino también las bacterias y las plantas. Sin embargo, no todas estas interacciones tienen como finalidad el apareamiento, por ejemplo, las señales colaborativas de las hormigas que dejan un rastro químico hacia el sitio