Cuando recién empecé la carrera de medicina, yo ya me había decidido por una especialidad. A quien me preguntaba, yo le decía “Neurología”,  con una convicción tal que a veces hasta parecía saber en qué me estaría metiendo. Nos brincamos a segundo semestre y de pronto era otra la canción que cantaba: “Cirugía”, repetía, y llegaba a creérmela yo mismo. Tiempo después, para sorpresa de nadie que sea capaz de seguir una conclusión lógica, llegue a afirmar: “Neurocirugía, está es la buena”. Ahora les digo –como posible futuro cardiólogo– que tal vez no es la buena.

Aunque estoy seguro que muchos de mis colegas ya están realmente seguros de qué especialidad quieren perseguir, quiero pensar que también hay varios otros que están en las mismas que yo. A ustedes, a mis congéneres, lamento decirles que tal vez no tendremos esa misma convicción que tienen nuestros compañeros por una especialidad hasta que lleguemos a clínicas, hasta que veamos en la práctica de qué se trata exactamente todo esto. Ojalá esto no les sea motivo de