Tenemos una tendencia a olvidar lo que no vemos. “Ojos que no ven corazón que no siente” solemos decir. Esto demuestra que muchas veces fenómenos de suma importancia nos pasan desapercibidos. La epigenética, y la genética en general suelen estar dentro de estas categorías en el rincón del conocimiento humano siempre presentes, pero no siempre consideradas. Sin embargo, ambas hacen notar su presencia en nuestro día a día. ¿Quién no ha oído hablar del famoso cáncer? ¿Quién no tiene conocidos que sean gemelos? ¿Cuántas veces hemos escuchado decir “te pareces a tu padre” o “tienes los ojos de tu mamá”? Todos estos sucesos que pasan tan desapercibidos son, en parte, productos de la genética.

Hablemos un poco más sobre los gemelos. Si el ADN de gemelos idénticos es idéntico entonces por qué suelen ser tan diferentes. La respuesta a esta pregunta suele atribuirse a diferentes experiencias personales. Pero, ¿y si además de esas experiencias existiera algo más, algo más tangible? La respuesta a esta intriga puede ser la epigenética, la manera en la que las experiencias de vida modifican a la naturaleza, o como dicen en inglés How Nurture Shapes Nature.

El descubrimiento de la epigenética data a finales