El médico es uno de los primeros profesionistas en los que se piensa cuando se habla de empatía. Se dice que un buen doctor debe poder ponerse en el lugar de su paciente para atender sus necesidades de una manera integral. Pero ¿qué pasa cuando la identificación con el paciente es tal que afecta de manera emocional al médico? ¿Es posible que un exceso de empatía sea entonces peligrosa?

Según la Real Academia Española, la palabra empatía proviene del griego empátheia y se refiere a la “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. De manera coloquial se dice que alguien empático es aquel que puede “ponerse en los zapatos” de los demás y actuar de acuerdo a ello. Esta cualidad permite entonces tener consideración para con los demás y lograr un ambiente armónico dentro de cualquier contexto.

Dentro de la práctica médica, la empatía es esencial para tratar al paciente con la mayor amabilidad y prudencia posible. Es, por lo tanto, inequívocamente necesaria para el profesional de la salud, ya que éste se encuentra en contacto estrecho con las personas en su estado más vulnerable, es decir, el de la enfermedad.

Sin embargo, si el médico pretende poner en práctica la empatía desde el sentido literal, es decir, con una identificación tan profunda que permita experimentar los sentimientos del otro, sería un profesionista que se mante