Las manecillas avanzan, no se detienen. Corres hacia aquella fuente de perdón y misericordia pero es inútil, nada sirve, todo está inmerso en el centro de la nada y por consiguiente nada cuenta. Elevas una plegaria de piedad, pero no hay respuesta. Sólo tú y un espejo de oro violento disfrazado. La sequedad de tu aliento te consume por dentro y las lágrimas llagan tus ojos no menos cansados y cedes. Tienes sueños de fortaleza e ilusiones de debilidad, te gusta jugar al abismo pero el abismo es todo menos un juego. La oscuridad invade tu alma, pero no puedes admitir que te encanta. Susurros de media noche recorren el velo del templo y tú, ahí, oculto, soñando, jadeando, siendo otro.

El siglo pasado se vio ilustrado por grandes escritores, entre ellos el checo Franz Kafka y el francés Albert Camus. Su pensamiento ha sido motivo de interés de grandes estudiosos aún en la actualidad y no es para menos, puesto que ambos exponen críticas sociales muy fuertes desde distintas perspectivas. En sus obras La Metamorfosis (Franz Kafka) y El extranjero (Albert Camus), ambos autores exponen un mecanismo de defensa que los dos principales