Los cigarrillos electrónicos son un producto que se encuentra a la venta desde el año 2003. Antes de continuar con los recientes hallazgos acerca de los efectos de este producto sobre la salud de las personas, aquí les dejo una breve descripción de un cigarro electrónico por si acaso no saben cuáles son sus componentes o cómo es que funciona. Los cigarrillos electrónicos se componen de una batería, un cartucho que contiene un líquido, y un elemento de calefacción que calienta y evapora el líquido. El líquido consiste normalmente de glicerol, propilenglicol, aromas y nicotina. Lo más importante es que mediante análisis de laboratorio, se ha demostrado que los cigarros electrónicos no contienen sustancias cancerígenas y es por esto que muchos usuarios optan por cambiar su hábito de fumar un cigarro normal (de tabaco) a uno electrónico.

Continuando con el tema, si bien los cigarrillos electrónicos están a la venta desde hace 9 años, los resultados del primer estudio realizado para comprobar sus efectos sobre la función cardiaca fueron apenas anunciados el pasado mes de agosto en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología 2012.

Dicho estudio involucró a un primer grupo de fumadores diarios de entre 25 y 45 años a quienes se les midió la función miocárdica mediante ecocardiografía, antes y después de fumar un cigarro normal (de tabaco). Un segundo grupo figuró a 22 personas del mismo rango de edad y también se les midió su función miocárdica mediante ecocardiografía, pero antes y después de fumar de un cigarrillo electrónico durante 7 minutos. De esta manera se compararon los datos obtenidos y se obtuvieron los siguientes resultados:

Resultados: PA= presión arterial

Fumadores de cigarros con tabacoFumadores de cigarros electrónicos

+8% PA sistólica

No se detectó

+6% PA diastólica

+4% PA diastólica

10% aumento en frecuencia cardiaca

No se detectó

Tabla adaptada de: “No Adverse Effects of E-Cigarettes, But More Research Needed, Heartwire, August 25, 2012”. 

Los resultados muestran que el fumar un cigarro normal causó en los pacientes del primer grupo los siguientes efectos: aumento del 8% en la presión sanguínea sistólica, aumento del 6% en la presión sanguínea diastólica, aumento del 10% en la frecuencia cardiaca, y por último, un deterioro agudo y significativo de los cuatro parámetros de la función ventricular izquierda. Por otro lado, los resultados del segundo grupo sólo mostraron un efecto, un aumento del 4% en la presión sanguínea diastólica, luego de fumar un cigarrillo electrónico durante 7 minutos.

A pesar de esto, los resultados son preliminares, pues es el primer estudio que se hace enfocado a estudiar los efectos causados en la función cardiaca de las personas por los cigarros electrónicos. Es importante mencionar que antes ya se había realizado también un estudio sobre los cigarros electrónicos, pero este había estado enfocado a los efectos sobre la función pulmonar, demostrando un efecto adverso a corto plazo por parte de los cigarrillos electrónicos.

Por último, el hecho de que se observe que los efectos causados en la función cardiaca después de fumar un cigarro electrónico sean menos en comparación con los efectos causados por fumar un cigarro de tabaco normal, no significa que sea una conducta saludable. Los dejo con las palabras del Dr. Konstantinos Farsalinos, autor del estudio: “Puedo decir que los cigarros electrónicos no son un hábito sano, pero sí son una mejor alternativa que los cigarros de tabaco. Los seres humanos estamos hechos para respirar aire limpio, entonces yo pienso que todo aquello que inhalemos fuera de eso no es sano.”

En conclusión, sí es verdad que los cigarros electrónicos son menos nocivos para la salud, sin embargo, la mejor opción sería la de quitar el hábito de fumar. Además, como se dijo anteriormente, se necesita realizar más estudios pues estos resultados son tan sólo preliminares, pero al parecer, cambiar el hábito de fumar cigarros normales por electrónicos ya es un buen comienzo para cuidar y mejorar la salud.

Autor: Daniel Pérez

Bibliografía:

  • Lisa Nainggolan. Medscape. Medscape News Cardiology. 1995. Disponible en: http://www.medscape.com/viewarticle/769793. 26 de agosto del 2012.