Los anticonceptivos fallan mucho más de lo que nos damos cuenta o de lo que exponen las compañías farmacéuticas. Las estadísticas de tasa de fracaso que se ofrecen al público a través de páginas de internet o folletos son en realidad un poco engañosas, pues no aclaran que la tasa de fracaso está en medida al uso durante 1 año específico.

Sin embargo, con el tiempo se acrecienta el riesgo de fracaso en cada persona/pareja. Esto toma sentido cuando nos ponemos a pensar en la gran cantidad de variables de las que depende la efectividad del preservativo de elección: taquifilaxia, mal empleo, variaciones fisiológicas del organismo, olvido, entre muchos otros (Lasa, 2010).

Estudios realizados por Gregor Aisch y Bill Marsh en New York Times sobre diferentes métodos de anticoncepción ayuda a ponerlo en perspectiva, ya que muestran la incidencia de embarazos no deseados asociados al uso a través del tiempo (Aisch & Marsh, 2014).

En general éstos gráficos demuestran que el uso prolongado un anticonceptivo dado (píldora, condones, espermicidas) tiene más posibilidades de fallar y hay más margen de error para su uso sub-óptimo, para lo cual debemos de abordar dos con