Para los mexicanos, como para el resto del mundo, las elecciones presidenciales en EEUU representan un fenómeno tan relevante como lo es, especialmente en sus inicios, extraño e impredecible. Esto se ha visto extremado fuera de proporción este ciclo electoral. El concurso esperado entre las poderosas dinastías políticas de los Bush y los Clinton ahora se ve cada vez más improbable ante la llegada de insurgentes en ambos partidos que cada día ejercen mayor influencia sobre los votantes americanos. Aquí es donde entra en juego el comprender como funciona este complicado proceso para analizar los motivos y motivaciones detrás de las campañas que determinarán quien se convertirá en el líder de los EEUU y así, de facto, el hombre o mujer más poderosa de la raza humana

En primera instancia, debe recordarse que en Estados Unidos existen dos partidos políticos principales; el Democrático y el Republicano, mismos que han dominado el escenario político por más de 150 años. Los Demócratas son el partido del actual Presidente americano, Barack Obama, y su plataforma política es mayormente liberal. Este partido busca expandir la influencia de programas gubernamentales mediante el aumento de impuestos para el bienestar social y así apoyar a la clase media y media baja. Los republicanos por otro lado, son el partido de oposición que gobierna actualmente con mayoría legislativa en el senado y en el congreso. Su plataforma oficial es más conservadora y apoya valores tradicionales. Este partido apoya un menor rol para el gobierno en materias privadas, con reducciones de impuestos generalizadas y mantenimiento de las fuerzas armadas.

El día de las elecciones americanas será el martes 8 de noviembre de 2016, pero la decisión de quien será el candidato de cada partido empezó aproximadamente un año y medio previo a esta fecha. Antes de que inicie la campaña presidencial siquiera, ambos partidos deben seleccionar a su candidato a la presidencia. Este proceso, a diferencia de la mayoría de los países, es sumamente elaborado y prolongado y es por si solo un proceso electoral conocido como las elecciones primarias (Presidential Primary Elections). Es importante recordar aquí que las elecciones presidenciales en EEUU se llevan a cabo cada 4 años y que un presidente puede ser reelecto solamente por un segundo término de 4 años.

Para obtener la candidatura de su partido, los precandidatos deben competir para conseguir un número mayoritario de delegados en las elecciones primarias. Estos delegados son representantes asignados de manera proporcional a los votos de los ciudadanos o estándares del partido. Pueden ser de dos tipos, superdelegados no asignados o delegados estatales asignados. Los superdelegados son un grupo de personas influyentes en cada partido, líderes partidarios, expresidentes y miembros actuales del partido. Estos pueden cambiar de opinión y alinearse con cualquier precandidato. Los delegados estatales, por otro lado, se asignan en base a elecciones a nivel estatal en dos sistemas, las primarias electorales/elecciones primarias (primaries) o los caucus estatales, ambos llevados a cabo individualmente en la mayoría de los estados americanos.

El primer lugar en EEUU en participar en las elecciones primarias es el estado de Iowa, en la forma de un caucus estatal a principios de febrero en año de elecciones. Este proceso electoral no involucra un voto directo, sino que consiste en múltiples reuniones de comunidades locales en edificios públicos, donde el voto se ejerce poniéndose de pie en el lado asignado a cada candidato. A su vez, estos votos determinan a cuál candidato se asignarán los delegados estatales. Durante un periodo de hasta una hora, los residentes de cada comunidad tratan de convencerse mutuamente de apoyar al candidato de su preferencia, ya que, si un candidato no supera un 15% del voto, se nulifica su participación y sus votantes deben seleccionar a otro candidato. Este abordaje complejo ha demostrado ser errático y en ocasiones debe recurrirse al uso de una moneda para decidir a quien se asignan los delegados ante un empate. Este concurso no suele ser predictivo del eventual candidato para cada partido, principalmente debido a que se trata de una población mayoritariamente blanca y altos números de cristianos evangélicos conservadores. Puede ser de utilidad, sin embargo, para candidatos poco conocidos o incluso aquellos conocidos para legitimar su campaña a nivel nacional o distinguirse del líder para la nominación, el denominado frontrunner.

Posterior a los caucus de Iowa, el primer lugar en tener una elección primaria es el estado de New Hampshire, el segundo martes de febrero. El proceso de la elección primaria es directo por votos, menos propenso a errores y discrepancia que el del caucus. Similar al proceso en Iowa, existe un mínimo del 10% del voto requerido para poder recibir delegados, en caso que un candidato no alcance este umbral, sus delegados se aportan al ganador de la elección primaria. A diferencia del caucus de Iowa, New Hampshire tiene un alto valor predictivo para la nominación, donde los candidatos insurgentes usualmente determinan su viabilidad electoral ante una población primordialmente caucásica y liberal.

Existen dos eventos después de New Hampshire que son de relevancia. El primero es la elección simultanea de la primaria electoral de South Carolina y los caucus de Nevada y la segunda es el conjunto de hasta 24 primarias simultáneas conocido como súper martes (Super Tuesday).

Históricamente, la elección primaria de South Carolina ha servido como una barrera para la insurgencia de candidatos radicales dentro de los partidos, siendo la primera en el sur americano y es de relevancia por la influencia que ejerce la significativa población afroamericana de South Carolina. Nevada por otro lado, tiene una población de origen hispánico elevada y es la primera en la región oeste de EEUU. Ambos procesos determinan la popularidad de los candidatos en poblaciones más diversas y los dos grupos raciales con mayor predominancia en EEUU.

El súper martes tiene la función de servir como parteaguas para la nominación. A lo largo de un solo día, el primer martes de marzo, se otorgan alrededor del 50% de los delegados totales para cada partido. Con este proceso usualmente se predice confiablemente el candidato a cada partido, salvo en ocasiones donde 2 candidatos con trayectoria similar terminan con resultados similares, como fue el caso de Barack Obama y Hillary Clinton en 2008.

Para recibir la nominación de su partido, los republicanos requieren de 1237 delegados de los 2472 disponibles a nivel nacional y los demócratas 2382 de 4763. Dichos resultados y con ellos la nominación, se otorgan en la Convención Nacional de cada partido. Para la fecha de la convenció, usualmente ya se conoce l eventual candidato por su número de delegados estatales y superdelegados, pero en el caso de una carrera reñida, todo gira en la división de superdelegados para la selección del candidato. La Convención Nacional Republicana se llevará a cabo en Cleveland, Ohio del 18 al 21 de junio de este año, mientras que la del partido demócrata será en Philadelphia, Pennsylvania del 25 al 28 de julio.

A pesar de su complejidad y cronograma preestablecido, para establecerse y darse a conocer como precandidatos, usualmente los participantes se dan a conocer mediante un anuncio de que correrán para ser presidente hasta un año previo a las elecciones. En este ciclo electoral, el primer candidato en postularse fue el Senador Republicano de Texas, Rafael Eduardo (Ted) Cruz, el 23 de marzo de 2015. Por parte de los demócratas, lo fue la exsecretaria de estado y esposa del expresidente Bill Clinton, Hillary Clinton, el 12 de abril de 2015. En el lado republicano, hubo 17 postulaciones nacionalmente reconocidas para la presidencia, mientras que en el lado democrático solo 5. Ambas carreras electorales han probado ser la excepción a todas las reglas preestablecidas a lo largo de la historia electoral moderna de EEUU.

Para el partido republicano, se esperaba en particular que un candidato fuese inevitable, el exgobernador de Florida, hijo y hermano de dos expresidentes y heredero de la dinastía más notoria de los últimos 20 años en ese partido, John Ellis (Jeb) Bush. Antes de siquiera anunciar oficialmente su candidatura el año pasado, contaba con la aprobación de gran parte de los oficiales electos republicanos y además un considerable apoyo financiero dado por denominadas conferencias de acción política, en esencia fondos para donaciones electorales, de más de 100 millones de dólares. Durante un periodo de 3 meses, dominó el escenario político republicano, superando a sus rivales en las encuestas y sondeos electorales. Esto culminó pronto, con su progresiva caída en estos instrumentos y en la opinión nacional, tan un solo día después de que se postulara oficialmente, el 16 de junio de 2015 con la postulación de uno de los personajes más enigmáticos y divisivos de la política americana, el magnate de bienes raíces y billonario Donald John Trump.

La candidatura de Donald Trump ha sido un fenómeno nacional e internacional desde su inicio por sus comentarios controversiales. Ha hecho declaraciones públicas dirigidas en contra de los inmigrantes mexicanos, propuesta de un muro en la frontera de México con EEUU a ser pagado por México, una propuesta de prohibir la entrada de personas de religión musulmana a EEUU entre otros. En sus inicios esto trajo la atención y risas de la comunidad global, además de una atención masiva por los medios de comunicación. Pero a pesar de la condena de múltiples personajes políticos, oficiales electos y la comunidad internacional, la candidatura de Donald Trump ha pasado de ser una simple caricatura y ante la sorpresa de todo el público, se ha convertido en una fuerza política bien estructurada que actualmente lleva la delantera en las encuestas a nivel nacional desde junio del año pasado y ha obligado a múltiples candidatos a abandonar la carrera.

A pesar de perder en los caucus de Iowa ante su principal rival, Ted Cruz, contra quien tenía la delantera en encuestas, Donald Trump ha logrado aclarar las dudas acerca de su real influencia sobre votantes, hasta ahora solo demostrado por su popularidad en los medios. La victoria definitiva en New Hampshire, con 35% del voto abre las puertas para que sus porcentajes en las encuestas se consoliden en escala nacional, donde mantiene el liderazgo. A pesar de tener tan solo 17 delegados, por el diseño del proceso electoral, se encuentra en la delantera definitiva para la nominación republicana.

En el lado de los demócratas surgió una situación igualmente inesperada. Hillary Clinton, desde el inicio de su campaña, se convirtió en la líder del proceso de la nominación por un margen dramático, hasta 60% superior en las encuestas a sus rivales más cercanos. Su plataforma liberal económica y social, además de su experiencia como Senadora de New York y secretaria de estado le dan un perfil balanceado moderado dentro del partido demócrata. Muchos expertos y medios de comunicación afirmaban que era inevitable su victoria, a excepción de que saliera de proporción un escándalo que involucro el uso de un correo electrónico particular mientras fue secretaria de estado.

La victoria de Hillary Clinton, sin embargo, se ha puesto en duda, en particular en las últimas semanas. En Iowa, gano por el margen más estrecho en la historia del estado, 6 votos más que su contrincante con 49.86% contra 49.57%. En New Hampshire, perdió por un margen del 22% contra el mismo contrincante. Este contrincante empezó con menos de 3% en encuestas nacionales, sin siquiera pertenecer al partido demócrata inicialmente y se refiere a sí mismo como un socialista democrático, el Senador Independiente de Vermont, Bernard (Bernie) Sanders.

Bernie Sanders