La naturaleza etérea del Premio Nobel

Nobel. Una palabra basta para evocar en nosotros todo un universo de nombres  y descubrimientos que representan los máximos de la imaginación y el ingenio humano. El Premio Nobel es otorgado cada año el 10 de diciembre desde 1901, tal como se especifica en el testamento de Alfred Nobel, a aquellas personas “premiadas por el descubrimiento que ha cambiado el paradigma científico en un área importante de las ciencias de la vida”.

Para nominar a un candidato (en el caso de medicina y fisiología) se requiere una recomendación del Comité Nobel, un equipo de 6 personas trabajando como parte de la Asamblea Nobel, todo parte del Instituto Karlonska. Otros entes autorizados para hacer nominaciones son:

  • Miembros de la Academia Real Sueca de Ciencias.
  • Ganadores pasados del Premios Nobel.
  • Profesores en facultades de medicina de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega.
  • Otros 6 profesores de institutos seleccionados por la asamblea.
  • Otros científicos a quienes la asamblea considera dignos de la oportunidad.

Todas las identidades de las personas involucradas en este proceso son mantenidas en secreto, por lo que da lo mismo decir que al Premio Nobel lo escogen un grupo de 50 cronopios que 50 científicos destacados. Después de un proceso en el cual se evalúa a más de 200-300 candidatos, se vota el primer lunes de octubre y el resultado de este voto es anunciado al día siguiente.

En la comunidad médica (y científica en general) se puede argumentar que el Premio Nobel es el premio más prestigioso como reconocimiento del trabajo de un científico. Es sobre este hecho que comienza y termina la controversia asociada a este premio. A lo largo de sus 112 años de historia, el prestigio del Premio Nobel ha brillado tanto como sus decisiones cuestionables.  Algunas de estas figuran hechos que merecen una observación más detallada:

  • Johannes A.G. Febiger recibió el premio en 1926 por el descubrimiento de un organismo que causaba cáncer en ratones: “Spiroptera carcinoma”. Sin embargo, sus resultados nunca pudieron ser replicados y el descubrimiento fue invalidado.
  • Egas Moniz fue premiado en 1949 por el uso de la lobotomía como tratamiento de pacientes psiquiátricos. Aunque no es desacreditado, es considerado no ético.
  • Albert Einstein no fue otorgado el Premio Nobel por su teoría de la relatividad, si no por su descripción del efecto fotoeléctrico. Como dato curioso, él incluyó el dinero del premio en su divorcio en 1919, dos años antes de que lo ganara, porque es Einstein y puede.
  • O. T. Avery, quien descubrió que el ADN es el material responsable de la herencia, nunca recibió este reconocimiento debido a dudas sobre la veracidad de este descubrimiento. Murió antes de que esto pudiera ser comprobado y el comité nunca otorga premios póstumos.
  • El premio solo ha sido otorgado a 6 mujeres dentro de la categoría de fisiología o medicina .

Cualquiera de estos hechos resulta un poco escandaloso y sus argumentos aún siendo válidos resaltan un punto importante: ¿por qué debe importarnos quien recibe este premio? Después de todo, lo único que cambia después de que a alguien se le otorga, es la posesión de una pequeña medalla y una cuenta bancaria con un saludable balance. Sin embargo, muchos nombres ilustres que tienen cementado su puesto en la historia (independiente de cualquier premio) y que deberían conformar la lista, muchas veces se sienten timados y al momento de recordar su legado se lamenta la ausencia del dichoso premio. La verdad es que nosotros, como doctores y científicos en general, deseamos – más allá de la medalla y el premio económico (lo que físicamente es el premio) – el reconocimiento de nuestra comunidad. El verdadero significado del Premio Nobel yace en el significado que le otorga el colectivo científico, un pensamiento que está en constante cambio moldeado por los paradigmas actuales de nuestro entorno.

El Nobel entregado por primera vez hace más de un siglo, fue concebido en una era de la ciencia en la que todavía se podían dar grandes saltos en el conocimiento, a unos pocos individuos, verdaderos titanes, entre los que figuran: Einstein, Watson y Crick, Flemming, Krebs, Golgi y Cajal por mencionar algunos. Sin embargo, con el incremento exponencial del conocimiento, cada vez se hace más difícil que una persona por si sola logre grandes avances y los nuevos descubrimientos se dan por pequeños equipos multidisciplinarios (ej. el tentativo descubrimiento del Boson de Higgs). Por esto, los criterios como están planteados originalmente para la selección de un Premio Nobel, cada vez son más inadecuados para el paradigma actual de la ciencia, uno en donde la colaboración de un grupo de personas es crucial para el avance del conocimiento. No es muy descabellado pensar en que algún día se vuelva inadecuado para el prestigio que se le otorga y este se vuelva un premio marginal, recordado por su pasada gloria, y algún otro premio surja con criterios más amplios, reconociendo el constante cambio de la ciencia.

Es por esto que la naturaleza del Premio Nobel es etérea.

Autor: Christian Boada

Bibliografía:

  • MLA style: “Nomination and Selection of Medicine Laureates”. Nobelprize.org. 3 Jan 2013 http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/nomination/
  • MLA style: “About the Nobel Prizes”. Nobelprize.org. 3 Jan 2013 http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/about/
  • Bloom, Stacy. “All Eyes on the Nobel Prize.” Journal Of Clinical Investigation. 115.9 (2005): n. page. Print.
  • “Nobel Prize to immunology.” Nature Inmunology. 11. (2011): n. page. Web. 2 Jan. 2013.
  • “Laurels And Limits on Nobel Prizes.” Science News. 113.18 (1978): p294-295, 2p. Web. 2 Jan. 2013.
2018-02-06T12:08:11+00:00