“Está en mi mayor interés, en esta capacidad, de desarrollar tanto en mí como en América un estilo lleno de vida, de color y vivacidad, de alma y energía, de poder inexhaustible – de mil cualidades de belleza, gracia y fuerza que lo convirtiera en inmortal.”
Woodrow Wilson, Presidente de los Estados Unidos de 1912 a 1920

Woodrow Wilson era, para finales del siglo XIX, un líder en el estudio del área política americana, trabajando como académico y profesor de la Universidad de Princeton, Nueva Jersey en los Estados Unidos. Sus crecientes ambiciones políticas, para la sorpresa de sus colegas y después del mundo, lo llevarían a convertirse en el Presidente de la Universidad de Princeton en 1902, gobernador de Nueva Jersey en 1910 y finalmente Presidente de los Estados Unidos en 1912. Wilson permanece, hasta la fecha, como el único mandatario en tomar posesión con el grado académico de doctorado.

Entre los muchos logros de su dinámica y vigorosa presidencia, estuvo su presencia constante en la vida de los americanos, tratando de elevarse a sí mismo como un líder moral y a su país como un faro de libertad y democracia en el mundo. Su sueño idílico, más que lograr la victoria en el escenario mundial; era el de crear una paz duradera, una manera de prevenir confrontaciones entre países mediante el diálogo y la diplomacia. Su lucha; la cual estuvo al borde del éxito, termino a causa de los límites de su propia mente y cuerpo

En 1896, años antes de volverse presidente, Woodrow Wilson, sufrió su primer accidente cerebrovascular. Entonces, a sus 40 años de vida, perdió la capacidad de utilizar su brazo y mano derecha, además de que sufría de intenso dolor en las mismas. Quienes eran cercanos a Wilson describen que hubo dos grandes cambios en quién era. El primero fue que empezó a escribir con su mano izquierda, recuperando la movilidad en la derecha cuatro meses tras el incidente. El segundo y primordial es que a partir de ese momento sus anhelos de poder se consolidaron y lo llevaron a buscar un poder mayor que le permitieran dejar su marca en la historia.

Wilson decidió que para él el ser figura pública representaba una importancia mayor que el mismo hecho de cuidar su propia salud. Fue entonces que su pericia política y dotes de orador le concedieron la admiración de los profesores y alumnos de Princeton; logrando así obtener la presidencia de la universidad.

Desafortunadamente, en la negación a su enfermedad, el estrés de sus nuevas labores lo llevó a sufrir un segundo accidente cerebrovascular en 1906. A sus 50 años, Wilson despertó un día con ceguera en su ojo izquierdo. Solo por la insistencia de su esposa, Ellen, consultó con un grupo de médicos, expertos, quienes dieron entonces el diagnóstico de aterosclerosis complicada que le causaba lo entonces llamado apoplejía.

En efecto, los expertos médicos que han tratado de dilucidar la narrativa de su enfermedad concuerdan en que sus accidentes cerebrovasculares e incluso su cambio en personalidad son explicables por la misma causa. Inicialmente, en 1896, tras una vida con factores de riesgo, la aterosclerosis que padecía en la arteria carótida interna izquierda liberó un émbolo, que bloqueó la rama central de la arteria cerebral media izquierda, encargada del control motor y sensación del lado contralateral del cuerpo. Aunque temporal, la debilidad y dolor en el lado izquierdo del cuerpo serían solo la primera cara de una enfermedad progresiva.

Un segundo trombo del mismo origen obstruyó en 1906 la arteria oftálmica izquierda, lo que le ocasionó la ceguera parcial del mismo lado. Varios expertos afirman incluso, que el cambio de personalidad, de una calmada y serena vida como profesor a una de asertividad y en ocasiones delirios de grandeza se puede atribuir a la isquemia que lentamente afectaba la función de su cerebro. Sus arterias estaban endurecidas, comentaría su esposa posterior a sus charlas con los médicos de Wilson, debido a su intenso estilo de vida y que, desafortunadamente, moriría pulgada a pulgada y sería incurable por el resto de su vida.

El consenso era que Wilson debía resignarse a su enfermedad y pausar sus ambiciones políticas. Se le recomendó que abandonara su puesto por uno más sedentario y libre de preocupación. En su lugar, tras un breve descanso, retomó su mandato universitario con el propósito de subir aún más en su inédito y vehemente ascenso en los peldaños del poder. Para 1910, logró convertirse en el gobernador de su estado por parte del partido demócrata. Con este paso, estaba seguro de colocarse en una situación de privilegio para en algún momento postularse a la presidencia de su país, Estados Unidos de América.