Tenemos una tendencia a olvidar lo que no vemos. “Ojos que no ven corazón que no siente” solemos decir. Esto demuestra que muchas veces fenómenos de suma importancia nos pasan desapercibidos. La epigenética, y la genética en general suelen estar dentro de estas categorías en el rincón del conocimiento humano siempre presentes, pero no siempre consideradas. Sin embargo, ambas hacen notar su presencia en nuestro día a día. ¿Quién no ha oído hablar del famoso cáncer? ¿Quién no tiene conocidos que sean gemelos? ¿Cuántas veces hemos escuchado decir “te pareces a tu padre” o “tienes los ojos de tu mamá”? Todos estos sucesos que pasan tan desapercibidos son, en parte, productos de la genética.

Hablemos un poco más sobre los gemelos. Si el ADN de gemelos idénticos es idéntico entonces por qué suelen ser tan diferentes. La respuesta a esta pregunta suele atribuirse a diferentes experiencias personales. Pero, ¿y si además de esas experiencias existiera algo más, algo más tangible? La respuesta a esta intriga puede ser la epigenética, la manera en la que las experiencias de vida modifican a la naturaleza, o como dicen en inglés How Nurture Shapes Nature.

El descubrimiento de la epigenética data a finales del siglo pasado, sin embargo su importancia fue eclipsada por el mapeo del genoma humano. Hoy en día, y desde principios de esta década, se piensa que la comprensión de la epigenética dará paso a la siguiente “Revolución Molecular” [1]. La importancia de este proceso consiste en su capacidad de regular la expresión del ADN por medio de metilación directa o metilación de histonas sin cambiar los bloques fundamentales del ADN. Pensemos en la metilación directa como un interruptor. Al metilarlo se prende o se apaga y por ende la expresión de los nucléotidos involucrados se ve regulada por un complejo ajeno al ADN. Se cree que la metilación juega un papel importante en los promotores que preceden a cada gen los cuales promueven la expresión del mismo, pero no sería motivo de sorpresa el descubrimiento de mecanismos de metilación que involucren otras partes del la secuencia genética. Ahora, hablemos de las histonas. A groso modo la función principal de las histonas es el agrupamiento del ADN al envolverlo alrededor de si mismo. Continuando con la analogía de los interruptores, imaginemos que las histonas funcionan como perillas. Al metilarlas desenrollamos ciertas partes de material genético propiciando su expresión; o lo contrario, encubrimos ciertas partes de las secuencias para causar supresión del material involucrado. Aunque por el momento la metilación es el personaje principal dentro de la historia de la epigenética cabe mencionar que en términos específicos la epigenética también involucra a otras moléculas como microRNA´s, virus, e incluso priones ya que el significado de la palabra es: por arriba de la genética y esta incluye a todos los mecanismos que no forman parte del ADN pero que de regulan su expresión. Sin embargo, a pesar de lo mucho que se sabe en este campo es importante notar que desconocemos más de lo que conocemos sobre el tema. Se dice que si la genética esta en pañales la epigenética sigue en su estado fetal.

Regresemos al caso de los gemelos. Si se realizara un análisis de metilación en ambos al momento de su muerte descubriríamos un mundo de diferencia. Factores como la alimentación, el sobrepeso, la exposición a alcohol y tabaco entre muchos otros tienen un impacto directo en la metilación de sus respectivos genomas. Podemos pensar que la historia acaba aquí, que las decisiones que tomamos nos afectan incluso a nivel molecular. Pero en realidad la epigenética esconde un secreto que hasta hace poco nos era desconocido. Se ha demostrado por medio de varios estudios que factores epigenéticos pueden pasarse de generación en generación rompiendo el estigma que sólo el ADN es transmisible a la progenie.
Entre los estudios más destacados que comprueban esta teoría esta un estudio realizado en el norte de Suecia a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Al comparar poblaciones aisladas en este país después de un estudio prospectivo por más de dos generaciones (un estudio que duró aproximadamente 50 años), se descubrió una tendencia a que los descendientes del poblado en el que la escases de alimento fue más común durante los años del estudio tienden a vivir un promedio de cinco años más y a sufrir menos de enfermedades cardiovasculares que en el poblado en el que los alimentos fueron más accesibles durante el tiempo del estudio. Aún más sorprendente fue descubrir una similitud en los patrones de metilación dentro de cada comunidad y que ambas comunidades tenían diferencias de metilación muy marcadas alrededor de ciertos genes. Si bien este estudio no demuestra que la desnutrición y el hambre promueven la longevidad de las generaciones futuras, podemos apreciar que la exposición a ciertos factores durante la vida de un individuo puede tener repercusiones directas en las generaciones siguiente.

Otro ejemplo muy destacado es la importancia de la epigenética en el proceso de formación de memorias. En el Mcknight Brain Institute en la Universidad de Alabama en Birmingham, J. David Sweatt ha participado en múltiples estudios relacionados con esta teoría. En ratas, después de un acondicionamiento de temor a lugares, olores, objetos, etc. por medio de corrientes eléctricas; las ratas demostraron un aumento en la actividad enzimática de la ADN-metiltransferasa (encargada de la metilación) en el hipocampo. El hipocampo es la región del cerebro encargada de la creación de las memorias. En el caso de la ausencia de la ADN-metiltransferasa las ratas no reaccionaban al acondicionamiento de temor y después de algunas horas regresaban por el estímulo a pesar de haber experimentado previamente la descarga eléctrica que esto conllevaba.
Ejemplos existen muchos, pero como última representación de la importancia de la epigenética en nuestras vidas trataremos el tema de la impronta. Comúnmente se tiene la concepción que se heredan los mismos cromosomas de mamá que de papá, y que ambos se expresan de igual manera en el organismo con excepción de tener un cromosoma Y en vez de dos XX. En estudios del 2009,