De México para el mundo: el hombre en llamas

Todo niño mexicano recuerda sus libros de primaria de la SEP y entre ellos el más icónico por su portada es el libro de historia de México de cuarto o quinto de primaria en el que aparece el Padre de la Patria. Para muchos esta imagen de Miguel Hidalgo con su hábito negro y su cabeza repleta de canas sosteniendo en su mano derecha la antorcha que encendió el camino hacia la independencia de México es el retrato que imaginamos al mencionar su nombre. Sin embargo, esta imagen tan familiar esconde más de lo que se aprecia a primera vista. Desde los dos caballos, el esclavo y el colibrí ocultos en su puño derecho, hasta el ave fénix pintada en la antorcha; este mural simboliza el carácter del pueblo mexicano que emerge de las cenizas como el ave fénix y la naturaleza libre del ser humano que no puede vivir bajo el peso de las cadenas de la esclavitud, tal como el colibrí no puede ser enjaulado porque de lo contrario moriría. Está obra se encuentra en el Palacio de Gobierno del estado de Jalisco en su capital Guadalajara y fue pintado por uno de los tres grandes muralistas de México: José Clemente Orozco.

El Muralismo Mexicano es una de las más grandes aportaciones que tiene nuestro país al mundo en cuestiones artísticas. Fué un movimiento caracterizado por un estilo similar al del renacimiento italiano por el uso de espacios públicos para elaborar obras de arte que contenían un mensaje para la sociedad. Como fin tenían el despertar del pueblo ante la opresión del gobierno, de la iglesia y de la injusticia social. Orozco es quizá el menos reconocido de los tres grandes. Diego Rivera es el más célebre a nivel internacional y por último Alfaro Siqueiros es el más joven y el más radical de los tres. A lo largo del texto se dara a conocer el arte de José Clemente Orozco y el impacto que tiene en la actualidad, de ser el caso se le recomienda al lector interesado indagar más sobre el muralismo mexicano.

Orozco no es tan solo un genio por la riqueza del contenido simbólico de su obra, sino que también se considera que es uno de los pocos artistas en la historia capaz de dominar la técnica del escorzo. Se dice que el escorzo no se aprende si no que se nace con él. A grandes rasgos, el escorzo es una manera de agregar vida a la pintura al otorgar un cierto grado de movimiento a la obra. Es diferente a la perspectiva porque no se basa solamente en medidas de proporción. Un ejemplo muy famoso del uso de esta técnica es la Gioconda o Mona Lisa de Leonardo da Vinci. En este caso la mirada de la Gioconda parece mirarte directamente a los ojos sin importar del ángulo del que se le observe. Regresando al mural de Orozco en el Palacio de Gobierno, se puede apreciar un movimiento en la posición del brazo extendido con la antorcha dependiendo de la posición en la que se observe el fresco. Si bien resulta un poco difícil imaginar este acontecimiento o incluso increible es necesario verlo para creerlo.

La belleza y la complejidad de las obras de Orozco yacen en la variedad de los temas retratados en sus obras y su humildad. La simpleza de su obra es fácil de apreciar en la siguiente frase, “Y después de todo, ¿no es posible hacer la más maravillosa pintura con sólo un lápiz cualquiera sobre cualquier papel?” . Sus murales nos narran la historia de México desde su conquista y su independencia hasta los conflictos de poder que llevaron a la Revolución Mexicana y a la Guerra Cristera desde el punto de vista del pueblo y sus gobernantes. Los temas de predilección del Orozco son la crítica social, política y religiosa, y a su vez una reflexión de desconfianza ante la inminencia del modernismo y la deshumanización del mundo industrializado. Pero también encuentra un lugar para representar la cultura de México y las tradiciones prehispánicas en un esfuerzo por rescatar lo poco que queda de esta cultura. Se podría decir que sus obras son reflejo del mundo en el que vivía y la sociedad que lo rodeaba. Él mismo solía pensar que la historia más importante era la historia del presente y que el estudio del pasado servía como vehículo para comprender los sucesos actuales y aprender de nuestros antepasados.

Si bien Orozco fue una figura importante en su tiempo, es importante destacar que él mismo se consideraba como un hombre roto y que con frecuencia prefería una vida alejada de la política y la atención de la fama. Esta yuxtaposición y su marginamiento voluntario crearon un velo de enigma que continúa envolviendo al personaje de Orozco lo que lo convierten en uno de los personajes más interesantes de su época. La razón por la que se consideraba un hombre roto o incompleto era debido a un accidente que sufrió a los 21 años al trabajar con pólvora para crear fuegos pirotécnicos. El acontecimiento lo dejó manco de la mano izquierda y afectó su audición y su vista, aunque la repercusión visual fue mucho más evidente. Se dice que sus lentes eran del grosor del fondo de una botella y que sin ellos no podía ni distinguir el contorno de su propia esposa. En el Hospicio Cabañas (tema que cubriremos más adelante) se aprecian dos figuras célebres españolas: una Miguel de Cervantes, “el Manco de Lepanto” quien perdió su mano izquierda en batalla; y la otra Doménikos Theotokópoulos mejor conocido como El Greco quien sufría de un astigmatismo muy marcado al final de su carrera. Figuras con quienes Orozco se indentificaba por obvias razones.

Mencionamos brevemente que las obras de Orozco son un reflejo del mundo en el que vivía. Esto es cierto en muchos aspectos. A nivel nacional Orozco vivió parte de su vida adulta durante la Revolución Mexicana. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Orozco tenía una apreciación pesimista sobre este suceso. El creía que toda la sangre derramada no resultó en el cambio social que había sido el objetivo de la insurrección, sino que los campesinos y trabajadores regresaban con las manos vacías a escenarios empobrecidos por el conflicto y que nuevas figuras aparecieron para reemplazar a las autoridades destronadas. De aquí es de donde surgen las críticas políticas del artista. A continuación, la Guerra Cristera que afectó principalmente al Bajío y al estado de Jalisco (estado natal de Orozco), creó un nuevo blanco para el jalisciense: la religión y sobre todo la opresión de la Iglesia Católica sobre el pueblo mexicano desde la conquista hasta la actualidad. Del mismo modo los eventos y movimientos internacionales como las Grandes Guerras, la Gran Depresión, el industrialismo y capitalismo, y su contraparte el Marxismo y el Comunismo, afectaron la visión y el trabajo de Orozco. No solo comenzó a perder la fe en los gobernantes de México sino que su crítica se extendía y se generalizaba a todos los gobernantes del mundo. Es aquí de donde parte su interpretación profética del porvenir. El ejemplo más claro es su obra conocida como Círco Político. En esta obra Orozco satiriza a los personajes más influyentes en el panorama global retratándolos como payasos. Entre ellos se encuentran figuras como Mussolini, Hitler, Churchill y Stalin, entre otros. Lo interesante de esta obra, además de estar situada junto al mural de Miguel Hidalgo que ya habíamos discutido, es que parece que Orozco prevé el comienzo de la Segunda Guerra Mundial 3 años antes de que el conflicto bélico estallara y que a pesar de las limitantes en comunicación de la época el muralista mexicano comprendía la geopolítica de su época. En el retrato se observa el comunismo, el judaísmo, la falsedad de las relaciones internacionales con un saludo de dos manos izquierdas, el complicado arreglo de alianzas y la hipocresía de los políticos al cubrir sus rostros con máscaras. “Mundo con las patas”

Si bien la mayoría de las obras de Clemente Orozco se encuentran en territorio mexicano; Orozco vivió en Estados Unidos durante dos periodos de su vida. Se considera que durante su segunda visita maduró en cuanto a su visión política de México y que fue durante este periodo que comenzó con su crítica más fuerte del gobierno mexicano. Se rumora que debido a esto Orozco fue regresado a México. Si bien no existe un registro oficial del motivo del suceso, luego de su regreso a México se le comisionó al artista jalisciense el trabajo de decorar el atrio principal del Hospicio Cabañas. El Hospicio Cabañas es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Guadalajara. Sin embargo en ese entonces el Hospicio Cabañas era un orfanato estatal en el que solamente los niños y los familiares podían apreciar el arte del maestro muralista. Hoy en día está abierto al público y se encuentra convenientemente situado en el centro de la ciudad de Guadalajara a unas cinco cuadras del Palacio de Gobierno. Como se podran imaginar resulta algo sospechoso que a un pintor de renombre internacional se le comisionara con un trabajo en un lugar donde su arte no podría ser apreciado. Por esto se dice que se le permitió pintar lo que él quisiera en este lugar con el fin de mantenerlo ocupado y de contener su crítica a las paredes del Hospicio. Todo esto con el fin de evitar que el mundo viera México de una manera negativa. No es de sorprender que después de pasar más de diez años de su vida trabajando en el Hospicio fuera aquí donde Orozco completó su obra más ambiciosa: “El Hombre en Llamas”.

“El Hombre en Llamas” como se le conoce a la obra maestra de Orozco consiste en un mural pintado en la cúpula principal de la capilla del Hospicio Cabañas. Es una obra definitivamente sorprendente. Basta con imaginarse la dificultad de realizar un mural a una altura elevada para pensar en lo grandioso que era Orozco con el pincel, sin embargo al considerar la dificultad de pintar una obra en una superficie esférica y al apreciar la belleza de la misma más de cincuenta años después; no cabe duda que Orozco es uno de los grandes genios de la historia del arte universal. Es en esta obra donde se puede apreciar el escorzo a su máxima expresión. La posición de la figura principal varía dependiendo del ángulo en el que se observe el fresco. Al dar una vuelta alrededor de la cúpula la imagen parece cambiar de posición muy drásticamente, de una manera casi sobrenatural. Es también aquí donde Orozco nos deja uno de los mensajes más enigmáticos de sus obras. Para comenzar nadie sabe a ciencia cierta lo que los murales de José Clemente Orozco representan por dos razones. La primera razón, Orozco nunca escribió ni discutió el significado de sus murales; por el contrario prefería que el público los representara y los analizará para que así crearán una experiencia personalizada. De acuerdo a sus palabras “Una pintura no debe ser un comentario sino el hecho mismo; no un reflejo, sino la luz misma; no una interpretación, sino la misma cosa por interpretar”. Y dos, el título de las obras no fue otorgado por Orozco. Los títulos por los que se conoce a las mismas han sido acordados por expertos en arte y han sido adoptados para facilitar su identificación. Algunos dicen que el mural representa a los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y tierra en un equilibrio constante y dinámico. Otros que cada uno de los personajes (en total son cuatro) representa a diferentes figuras del muralismo mexicano como homenaje al movimiento. Otros incluso especulan que el hombre en llamas es una representación del mundo prehispánico y del peso de las injusticias sociales sobre el hombre y que cuando el hombre en llamas se consuma el mundo regresará a estar oscurecido en tinieblas.

José Clemente Orozco nos ofrece una forma refrescante de contemplar la esencia del hombre a través del foco de la libertad. Sin importar que la represión sea causada por el gobierno, la iglesia, la injusticia social, la tecnología, etc. sus obras nos demuestran que sin libertad el hombre pierde su humanidad. Las críticas sobre la corrupción, la desigualdad social, la explotación y la pobreza continúan siendo vigentes en la actualidad. Resulta sorprendente que ya pasaron casi 70 años desde su muerte en Septiembre de 1949 y que a pesar de todos nuestros avances los problemas que él veía en su sociedad sean vigentes en la actualidad. Orozco murió a los 66 años de edad. Su último trabajo fue en el Palacio de Gobierno de Jalisco, y es conocida como “La abolición de la esclavitud”. A lo largo de su vida Orozco no dejó ningún mural incompleto con excepción de este. Se dice que un día después de una gripe cualquiera Orozco colocó su firma en el mural antes de regresar a su casa a descansar y nunca regresó a terminar su obra. Sus ayudantes preocupados le preguntaron qué debían de hacer en el espacio que faltaba (solo faltaba terminar de colocar el mensaje escrito en el rectángulo de REFORMA). Ante esto Orozco respondió que regresaría al cabo de una semana para terminar el mural, que no se apuraran. Sus compañeros y amigos entristecidos cambiaron las facciones del rostro de Miguel Hidalgo a una expresión de preocupación y de tristeza con símbolo de solidaridad hacia el gran maestro muralista. A los pocos días José Clemente Orozco falleció. Luego de su muerte, los trabajadores decidieron terminar el mural rellenando el cuadrado de REFORMA con pintura para no dejar una parte del fresco en blanco, dejando así este último mural inconcluso. Si bien hoy en día son pocos los que recuerdan el trabajo de este enigmático artista a pesar de que su arte permea hasta nuestros libros de historia, al reflexionar sobre su vida nos encontramos con críticas trascendentales, con una filosofía existencialista que va más allá del individuo y con una visión muy peculiar del mundo. Su vigencia en la actualidad y la belleza de su patrimonio convierten a José Clemente Orozco en uno de los personajes ilustres de nuestro país.

Años más tarde Octavio Paz publicó una reflexión sobre la vida y el trabajo de José Clemente Orozco en la que se pregunta qué habría pasado si el enigmático muralista hubiera tenido más años de vida.

Para el lector interesado agregamos el siguiente enlace: http://app.jalisco.gob.mx/srias/cultura/orozco/orozcovisto.html

Autor: David González – Editor: Jorge Reyes

Bibliografía:

2018-07-04T13:34:06+00:00