Las manecillas avanzan, no se detienen. Corres hacia aquella fuente de perdón y misericordia pero es inútil, nada sirve, todo está inmerso en el centro de la nada y por consiguiente nada cuenta. Elevas una plegaria de piedad, pero no hay respuesta. Sólo tú y un espejo de oro violento disfrazado. La sequedad de tu aliento te consume por dentro y las lágrimas llagan tus ojos no menos cansados y cedes. Tienes sueños de fortaleza e ilusiones de debilidad, te gusta jugar al abismo pero el abismo es todo menos un juego. La oscuridad invade tu alma, pero no puedes admitir que te encanta. Susurros de media noche recorren el velo del templo y tú, ahí, oculto, soñando, jadeando, siendo otro.

El siglo pasado se vio ilustrado por grandes escritores, entre ellos el checo Franz Kafka y el francés Albert Camus. Su pensamiento ha sido motivo de interés de grandes estudiosos aún en la actualidad y no es para menos, puesto que ambos exponen críticas sociales muy fuertes desde distintas perspectivas. En sus obras La Metamorfosis (Franz Kafka) y El extranjero (Albert Camus), ambos autores exponen un mecanismo de defensa que los dos principales personajes en las historias desarrollan debido las circunstancias sociales y familiares de su vida y este fenómeno a su vez se convierte en un crítica a estas circunstancias.

El Gregorio de Kafka

Franz Kafka, a través de su obra nos deja ver la historia de Gregorio, un joven que ha despertado siendo como un bicho extraño repentinamente en la mañana: “Una mañana, tras agitado sueño, Gregorio Samsa amaneció transformado en un insecto” (Kafka, 2007: 13). El gran trama del asunto radica en que tal individuo a pesar de ser un animal extraño y poseer un cuerpo ajeno al propio, no parece encarar de frente la situación, parece ser que la deja a un lado para abordar otros temas de su vida como lo es atender el trabajo, por ejemplo. Este es el primer impacto que recibe el lector, una total indiferencia hacia un hecho que no es ordinario y que dentro de las normas de conducta aceptables sería motivo suficiente de drama y consternación. ¿Qué le lleva a Gregorio a tener tal reacción? Tal autoimagen tan deficiente que no le molesta, más que en lo absolutamente esencial, ser un bicho de la noche a la mañana. Pareciera ser que el proceso llevaba ya tiempo de gestación, que su metamorfosis ha sido lenta pero certera, que todo lo que le llevo hasta ese punto dejó marca indeleble en su persona. Se ha acostumbrado a la miseria, se ha acostumbrado a ser el nadie de la nada: “…El muchacho era hechura del patrón; un individuo servil y torpe.” (Kafka, 2007: 16), a tener miedo, a adoptar una rutina y no luchar, a aceptar que sus padres no podrían trabajar. Ha aceptado incluso a su jefe, y hasta el momento ha sido sumamente obediente en lo que a su vida respecta. Pero es una felicidad oculta, nadie con una vida próspera despierta siendo un bicho y no se queja de tal situación. Retomando el punto de la autoimagen, él ha aceptado ser un bicho, hasta lo ha propiciado.

El extranjero de Albert Camus

Albert Camus en su obra El extranjero logra lo que pocos autores, nos expone de manera excepcional el acontecer de Meursault, que desde el título ajeno en la obra, vive en la indiferencia y el escepticismo total. No sé si su existencia preceda a la esencia, pero la manera en la que se construye dentro de la obra está relacionado con temas de nada yendo hacia ninguna parte. Hay una subordinación de las emociones de alto nivel y hasta destellos de amoralidad por todo el relato. La actitud y vida toda del personaje, se hayan siempre inmersos y determinados por su indiferencia, y aunque puede llegar a mostrar sensaciones de diversión o alegría, siempre ha de responder al mismo factor de planicie emocional.

“Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé.” (Camus, 1971: 11) En este enunciado, es posible leer su indiferencia por lo que le acontece, la muerte de su madre lo tiene sin cuidado y no destina energías a pensar en asuntos de tan baja importancia. Pero no sólo con la muerte de su madre, sino también con su extraña relación con María, le da lo mismo, no toma partido, no se inclina, simplemente le es indiferente:

María vino a buscarme por la tarde y me preguntó si quería casarme con ella. Dije que me era indiferente y que podríamos hacerlo si lo quería. Entonces quiso saber si la amaba. Contesté como ya lo había hecho otra vez: que no significaba nada, pero que sin duda no la amaba. “¿Por qué, entonces, casarte conmigo?”, dijo. Le expliqué que no tenía ninguna importancia y que si lo deseaba podíamos casarnos. (Camus, 1971: 23).

Si el primer párrafo no era claro, éste no deja lugar a dudas. Los asuntos que normalmente son considerados causa de drama y exaltación para el ser humano, Meursault los torna insípidos y opacos, no hay motivo para sobresaltarse, naturalmente.

De los mecanismo de defensa de los personajes

Ya se habló anteriormente de la actitud que los personajes de ambas obras toman antes las circunstancias que los rodean, vemos la autoimagen prometedoramente deformada de Gregorio en la obra de Kafka, y por otra parte, la indiferencia sin límite del señor Meursault que lo conduce a lo largo de su vida plana. Si bien ya fue comprobada la presencia de estas características en la obra de ambos autores, es necesario poder entender más a fondo el por qué de dichos comportamientos, para esto tomaremos como base el psicoanálisis de Jacques Lacan.

La forclusión de Jacques Lacan en la obra de Kafka

Lacan, entre su basta obra psicoanalítica, habla de un mecanismo de defensa que es utilizado por los psicóticos. Dicho mecanismo tiene que ver con el concepto del Otro y la falta de símbolo paterno. Es una represión del evento traumático mucho más profunda y se da cuando la imagen del padre era demasiado agresiva para el niño, tal y cómo lo explica Gabriela Urriolagoitia: “La forclusión se produce porque en el registro de lo simbólico no se ha inscrito el significante del Nombre-del-Padre, quedando este rechazado y expulsado de lo simbólico por lo cual permanece en lo real y es en lo real donde retorna y reaparece.” (Urriolagoitia, 2012).

Como anteriormente se mencionó, Gregorio en la obra de Kafka, parece sentirse muy cómodo en su “nueva” identidad como insecto, las quejas que ejerce son meramente físicas, pero no lo molesta en lo absoluto irradiar la esencia de un bicho. Tal hecho, nos lleva a pensar que la propiciación por parte de Gregorio a su metamorfosis a un animal de ese tipo, responde más bien a factores internos que podrían tener su explicación en el psicoanálisis. La imagen del padre dentro de la historia, es sumamente agresiva y fuerte, de hecho recordemos que es el padre la primera persona que lo agrede y aquél por cuya manzana conoció la muerte, las referencias que Gregorio tiene de él son de estricta rudeza y me atrevería a decir que las que no son de este tipo son más inventadas que reales. Y aquí Urriolagoitia nos ilustra de nuevo: “Así Lacan dirá “lo forcluído en lo simbólico retorna en lo real” El ejemplo paradigmático de esto es la alucinación, la cual no se trata de un trastorno perceptivo sino de la presenc